Durante este
periodo, el cerebro del niño funciona a pleno pulmón. Su consumo de glucosa no
cesa de aumentar. A los 4 años, el cerebro del niño consume de 2 a 3 veces más
de glucosa que el cerebro de un adulto. Esta demanda se mantendrá hasta los 10
años.
Para sostener
este desarrollo acelerado, el niño necesita de condiciones favorables, es
decir, una alimentación completa y equilibrada, buena calidad del sueño,
actividades físicas e intelectuales, etc.
Durante este
periodo, el niño adquiere habilidades importantes que le servirán antes de su
inicio en la escuela. Por ejemplo, el niño es ahora capaz de llevar a cabo una
cierta planificación de sus acciones orientadas a la consecución de un
objetivo. El descubrimiento le interesa bastante más que la repetición.
El niño deviene
cada vez más consciente del mundo que le rodea. Algunos manifiestan ya una
cierta forma de “ansiedad”. Por ejemplo, hacia los 4 años, 1 niño sobre 4
desarrollará algún pequeño tic o una manía como morder sus uñas o retorcer un
mechón de su pelo. Estos gestos inconscientes de autocontacto, le permitirán
descargar tensiones y encontrar seguridad.
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